La camarera, que nunca había visto algo así, no sabía a quién atender.
Lorena, atrás de ellos, sintió un dolor de cabeza y no pudo evitar llevarse la mano a la frente. ¿Qué estaba haciendo Adrián?
¿Por qué tenía que insistir en pagar si no tenía nada que ver con él?
Lorena sacó su celular, se interpuso entre los dos hombres y extendió la pantalla hacia la camarera, diciendo en un tono firme:
—Yo pagaré.
Sonrió levemente hacia ambos.
—Dije que yo invito.
Recibió las bolsas con los dulces ya empac