Con un movimiento de muñeca, mi blusa está arreglada y mis pantalones vuelven a estar en su sitio. Me precipito hacia la puerta y la abro de golpe para recibir a mi enemiga con el pelo revuelto y los labios hinchados recién besados. Vicky da un paso atrás, sorprendida, observando mi aspecto y el desastre que no he limpiado a propósito. Le sonrío con una dulzura enfermiza.
—¿Puedo ayudarte, Vicky? Estamos un poco ocupados en este momento. La planificación de la boda y todo eso —digo.
Su cara