El día había llegado. Isabella despertó temprano como de costumbre, bajó para tomar el desayuno en el jardín y luego fue a su clase de baile; eso era lo único que hacía que su nivel de ansiedad disminuyera. A pesar de que todo estaba preparado para la fiesta, los nervios porque todo fuera perfecto la consumían.
—Niña, ¿ya terminó su desayuno? —preguntó Anita.
—Sí, Anita, gracias. Voy a salir. Cualquier cosa, me marcas al celular, por favor.
—Niña, ¿pero a dónde va? Recuerde que dentro de unas h