El sol de la mañana iluminaba las amplias oficinas de la Constructora Moretti-Rossi. Isabella, vestida con un elegante traje de falda negro y una blusa color marfil, caminaba con paso firme por el pasillo principal. Su presencia, imponente y segura, irradiaba autoridad. Los empleados se detenían por un segundo cuando pasaba, no por miedo, sino por respeto. Todos sabían que la dueña de la empresa no era solo una mujer de negocios; era una estratega con la mente afilada como una navaja.
Esa mañan