El sol apenas comenzaba a despuntar en el horizonte, proyectando un leve resplandor dorado sobre los jardines de la mansión Moretti, dejando atrás la oscuridad de una noche cargada de emociones no resueltas. La brisa, fresca y suave, jugaba con las hojas caídas, mientras el rocío de la mañana se evaporaba lentamente, dejando un rastro de humedad en el aire. Había una quietud apacible en el ambiente, como si la naturaleza misma se preparara para un día lleno de acontecimientos cruciales.
Isabell