Leighton se despertó con un golpe suave en la puerta.
Miró el teléfono. Las 11:47 de la noche. Se había quedado dormida después de llorar. Los ojos le ardían de hinchados. La garganta, en carne viva.
Otro golpe. "¿Leighton? ¿Estás despierta?"
Noah.
Debería ignorarle. Debería fingir que dormía.
En cambio, se levantó y abrió la puerta.
Estaba en el pasillo con pantalones de chándal y camiseta. El pelo revuelto. Los ojos cansados. Tenía el mismo aspecto de destrozo que ella sentía.
"¿Puedo pasar?"