La mañana amaneció gris y lluviosa, como si el cielo compartiera la inquietud que se había instalado en la mansión desde la llegada de la carta anónima. Luciana se despertó temprano, incapaz de conciliar el sueño después de los eventos del día anterior. Se levantó con cuidado, tratando de no despertar a Alexander, y descendió las escaleras en silencio.
En la cocina, el aroma del café recién hecho llenaba el aire. Luciana se sirvió una taza y se sentó junto a la ventana, observando cómo las gota