Elena no negó la evidencia.
La utilizó.
Y en el instante en que levantó la mirada, con la carpeta aún cerrada frente al comité, quedó claro que no iba a defenderse de la forma que todos esperaban.
No iba a justificarse.
No iba a disculparse.
Iba a cambiar el terreno.
—Tienen razón.
La frase cayó con una precisión quirúrgica.
No hubo dramatismo.
No hubo tensión en su voz.
Pero el impacto fue inmediato.
Diego giró ligeramente hacia ella.
—Elena…
Pero ella no lo miró.
No todavía.
—Tienen razón —re