Elena no improvisó.
Nunca lo hacía.
Cada movimiento que estaba a punto de ejecutar había sido pensado no solo en función de lo que podía ganar, sino de lo que estaba dispuesta a perder. Porque esa era la diferencia entre una estrategia y una reacción: la primera implicaba control, incluso cuando el resultado no estaba completamente asegurado.
Y en ese momento…
nada lo estaba.
La solicitud de auditoría no era una amenaza vacía. Era un proceso en marcha, uno que avanzaría con o sin su cooperación