Capítulo 55. Un medio para un fin
Marco la tenía atrapada debajo de su poderoso cuerpo hecho de músculos fuertes y trabajados, sujetándola de sus brazos, y presionándose contra ella, lo que a Ámbar le parecía sumamente excitante. Podía sentir su dureza, apretada contra un muslo.
Él la recorrió desde el cuello con suaves besos, saboreándola, y descendió con su lengua hasta sus redondos pechos de canela, lamiéndolos como si fueran de miel, y succionando con algo de fuerza sus endurecidos pezones, arrancando gemidos ahogados. Mordi