Capítulo 56. El hombre atento
Ámbar salió del cuarto de baño y el desayuno ya estaba servido, mientras que una de las empleadas ordenaba y cambiaba las sábanas de la cama, que era un verdadero desastre.
Aunque se puso roja como un tomate, no dijo nada, ni Marco tampoco. Esta vez no lo arruinaría hablando de más.
-Ven, siéntate a desayunar así conversamos, quisiera resolver varios asuntos que tengo en mente, ¿de acuerdo?
Ella se sentó frente a él en la pequeña mesa, mirando todo con gran apetito, además de intrigada.
-Claro,