Luis
Finalmente me libré de la regañina de mi madre, pero no pude alcanzar a Helen. Carlos llegó a mi lado y se agachó para recoger algo a mis pies. Lo sujetó entre los dedos y reconocí su anillo. O al menos, era parte de él.
—Se le cayó esto. —Me lo entregó—. Supongo que querrás tenerlo.
—¿Qué ha pasado? Mi madre me echó una buena bronca por estar arriba. ¿Qué le dijeron a Helen esas zorras?
—Le dijeron que ibas a hacer un cuarteto con nosotros. —Parecía como si le costara trabajo seguir habl