Al día siguiente, el sábado, Leevanna se paseaba por su habitación, mordiéndose el pulgar y con el cerebro trabajando por segundo. Estaba nerviosa. Con razón.
Hoy todo el mundo tomaría la decisión por ella, todo el alumnado, incluida Stouvania, elegiría si estaba en condiciones de seguir participando en el Torneo Paragón como una de las veinte campeonas. No había avisado a sus padres. Sabía que su padre se indignaría y que era mejor no decir una sola palabra. Por suerte, nadie diría ninguna de