CAPÍTULO 29. Una elección y una sospecha
La mano de Blair fue instintivamente a retener aquella sangre, pero no era nada extraño, la doctora ya le había avisado que podía convertirse en algo frecuente dada su enfermedad. Simplemente no podía decírselo a Nate.
Algo dentro de ella se estremeció por verlo tan preocupado, pero sabía que no podía dejar que la revisaran más allá de los efectos del accidente, y que no podía contarle lo que le estaba pasando, porque entonces todo el embarazo, todo el contrato, toda la protección para su hija