CAPÍTULO 21. Vine a hacer un bebé
Aquel baño era hermoso. Los mármoles claros, probablemente importados, tenían formas extrañas que invitaban a cualquier mente torturada a perderse en ellos, y en aquel momento la de Blair definitivamente lo estaba.
Ni siquiera supo en qué momento dejó de llorar, acurrucada en una esquina de la habitación mientras veía la pared blanca frente a ella y luchaba contra el hecho de que no podía hacer nada.
No podía irse, no tenía la fuerza necesaria para pelear contra Nate, lo único que podía hacer e