PUNTO DE VISTA DE LUCA
Las pesadillas no cesaban, empeoraban. Cada noche, la misma presencia con mi rostro me observaba desde la oscuridad. Ojos plateados que reflejaban los míos, pero más viejos, más tristes y más hambrientos; nunca hablaba. Solo me miraba fijamente, con tal intensidad que me despertaba jadeando, con el corazón latiéndome con fuerza contra las costillas como si quisiera escaparse de mi pecho.
Rafe lo notó, por supuesto que lo notó. Siempre se fijaba en todo de mí; el vínculo e