El pulgar de Zaid se deslizó lentamente sobre la piel de Jordan, con la misma fascinación que un depredador siente al contemplar a su presa herida.
—Pero ¿sabes qué? —prosiguió, girando su cabeza hacia Reinhardt sin perder la sonrisa—. Ahora te has convertido en un problema, porque no te lo voy a entregar. Por otro lado, tampoco estamos en posición de comenzar un enfrentamiento, Reinhardt. Así que sé inteligente y déjanos en paz.
—Estás en mi terreno, Zaid. Aquí, yo decido cómo se hacen las cos