Jordan, paralizado por el miedo, observó en silencio, incapaz de intervenir. ¿Qué podía hacer, de todos modos? La violencia desatada ante sus ojos era inhumana y no podía contemplarse a sí mismo actuando de esa forma, pero, al mismo tiempo, no podía dejar de mirar, casi hipnotizado por la intensidad de la escena. Los golpes de Reinhardt se sucedían sin piedad, dejando al líder inconsciente, tirado en el suelo y cubierto de sangre.
Entonces, tomó el arma y descargó una bala en la cabeza de aquel