El corazón de Jordan latió con fuerza y sus manos apretaron el ba-te involuntariamente. Miró a su alrededor, buscando alguna forma de escapar de la situación. Corrió hacia la entrada con toda la intención de cruzar el umbral, pero antes de que pudiera dar un paso más, su vista se cruzó con la de Reinhardt, quien estaba en el coche. Los ojos del Jefe no necesitaban palabras, era una mirada tan fría y penetrante que atravesó su alma. Era la mirada de un hombre que no toleraría la desobediencia.
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