Jordan, con los brazos cruzados y un brillo de desafío en los ojos, rompió el silencio con un comentario que hizo tambalear la paciencia de Reinhardt.
—Entonces tendré que salir a la calle a buscar otro tipo de trabajo, ya que aquí no me dejas hacer nada.
—No, Jordan. No puedes dejar el cabaret.
La incredulidad se dibujó de inmediato en el rostro de Jordan. Sus labios se torcieron en una sonrisa amarga mientras lo miraba como si no terminara de creer lo que estaba oyendo.
—¿Ahora también me vas