Jordan volvió a recostarse, cediendo a ese momento que no sabía cuánto más duraría. No se apartó, no lo despertó, no hizo nada por detener lo que sucedía. Simplemente se quedó allí, dejando que Reinhardt siguiera durmiendo a su lado, dejando que su cuerpo disfrutara en silencio del calor que él desprendía, de su aroma intenso, varonil, de esa presencia tan sólida y fuerte que la envolvía. Su brazo musculoso la rodeaba y Jordan se permitió quedarse así, acurrucada junto a él, hasta que el sueño