Reinhardt la llevó de regreso a la habitación con una mano firme rodeándole el brazo. No caminaban juntos, él la arrastraba, como si la fuerza de su indignación lo impulsara más que sus pasos.
Jordan no se resistió. Mantenía la cabeza gacha, sintiendo el juicio de cada mirada que habían dejado atrás, como si aún ardieran sobre su espalda.
Al llegar, Reinhardt abrió la puerta con torpeza y la empujó hacia dentro, no con violencia, pero sí con una decisión que pesaba más que cualquier golpe. Él t