El silencio cayó como una losa. Nadie se atrevía a mover un músculo.
La mayoría de los trabajadores y bailarinas estaban genuinamente asombrados. Varias mujeres cubrieron su boca en gesto de shock, cuchicheando entre ellas. Pero había dos excepciones: Charlie y Simone.
Charlie mantenía el ceño fruncido, tenso, mientras Simone observaba la escena con un semblante impasible, difícil de interpretar.
Ambos sabían la verdad. Ambos la habían ocultado.
Y ambos eran, irónicamente, los trabajadores en l