Cuando Reinhardt apenas terminó de hablar, su cuerpo se tensó al captar un sonido en la distancia. Eran pasos. Varios. Era el crujido de ramas y hojas secas bajo el peso de botas apresuradas. Sus perseguidores se acercaban, y lo hacían rápido.
—Están cerca —susurró Reinhardt, dirigiendo una mirada impaciente a Jordan—. Tenemos que movernos ya.
Jordan cerró los ojos un instante, reuniendo las fuerzas que le quedaban, y cuando los abrió, su expresión ya no reflejaba solo agotamiento, sino determi