Crescent:
Las grandes puertas del recinto de la boda se cerraron con un gemido a mi espalda, sellando el eco de unos votos que no eran míos y una música que sabía a ceniza. Entré en el corredor de cristal espejado y faroles flotantes, con la respiración aún entrecortada por la ceremonia que acababa de soportar en silencio. Mi vestido de seda negra se pegaba húmedo a mi piel. Esperé el cambio. A que el mundo ondulara y se disolviera como lo habían hecho todas las demás pruebas en este reino mald