Creciente.
(DÍA 3 – Siete Reinos)
El mundo regresó en fragmentos.
Primero el frío mármol bajo mis rodillas. Luego el eco de música lejana: suaves cuerdas y risas bajas flotando por los corredores del palacio. Volvía a estar en Vancouver. No en el club de striptease. No en la Manada Colmillo. El palacio real. Aquel donde aprendí por primera vez lo que significaba ser deseada, ser temida, ser amada.
Me incorporé, apoyando las palmas contra el suelo pulido de mi antigua cámara de invitados. La mis