Anaís ajustó su vestido negro al bajar del coche que la dejó frente al restaurante más lujoso de la ciudad. Sus tacones resonaron con autoridad mientras ascendía las escaleras hacia la entrada principal. A pesar de la noche fresca, el ambiente dentro del lugar estaba cálido, lleno de murmullos y luces tenues. Las miradas de algunos comensales se posaron en ella al entrar, pero Anaís estaba acostumbrada a ser el centro de atención.
Al fondo, sentado solo en una mesa perfectamente ubicada, estaba