La imponente mansión Guerrero se alzaba como un emblema de poder y tradición en medio de jardines perfectamente cuidados. Lucrecia bajó de su coche con un porte impecable, pero su mente era un torbellino. Su vestimenta era meticulosamente elegante, diseñada para impresionar, pero en su interior bullía la frustración. No deseaba quedarse atrás, por lo que ha publicado a los medios su compromiso con Jorge, pese a que él no lo sabía. Jorge, últimamente distante, estaba obsesionado con esa maldita