21 - Me perteneces...
La desesperación de ambos era muy notoria. Ernesto la levanto con sus fuertes brazos y la condujo hasta la habitación; mientras Anaís buscaba desesperadamente desprender su camisa.
— ¿Estás segura? — preguntó Ernesto. Sabía que ella amaba locamente al imbécil de Jorge, y no deseaba que este encuentro se basara en algo relacionado al despecho. Él realmente lo anhelaba, lo deseaba —. Podemos parar…
— Te deseo Ernesto — interrumpió Anaís, sosteniéndolo del rostro —. Quiero que me hagas el amor.
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