Mundo de ficçãoIniciar sessãoGeorgina
Empezamos a caminar e intento, a cada doloroso segundo que pasa, encontrar fuerzas para conseguir dar cada inseguro paso con la firmeza necesaria, pero era imposible no sentir ese ahogo que amenaza con robarme la vida. Todo porque lo vería allí, parado en el altar improvisado, con nuestras familias —en su caso sólo su hermano menor— y nuestros amigos a su alrededor.







