Capítulo 80: Promesa.
El jardín seguía intacto, como si el tiempo no hubiera vuelto a pasar por ahí. Las hojas del limonero brillaban bajo la luz de la tarde, y el aroma de la tierra mojada flotaba en el aire. Natalia se agachó junto al jardín de flores secas que su madre solía cuidar con esmero..

Su padre estaba en la banca de madera, con los codos sobre las rodillas y la mirada fija en un punto invisible del césped. No la escuchó llegar.

- Podrías regarlas. - Dijo Natalia, sin mirarlo. - O al menos arrancar las q
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