Mundo ficciónIniciar sesiónEl fuego se desvaneció lentamente de su sangre.
Helios se había acomodado de nuevo en su gran silla de cuero, e inmediatamente la atrajo de vuelta a su regazo, los brazos cerrándose alrededor de su cintura como bandas de hierro, negándose a dejarla moverse ni un centímetro lejos. Ella no luchó. Le gustaba demasiado… le gustaba sentir su pecho cálido y sólido contra su espalda, su corazón latiendo fuerte y constante bajo su palma. —Espera un segundo. —Se retorció






