Tres guardias se movieron al mismo tiempo. Dos agarraron a Sev bruscamente por los codos, tirando de él con tanta fuerza que sus pies apenas tocaron el suelo. Lo arrastraron por el suelo de mármol, directo al enorme vestíbulo, y lo arrojaron de rodillas a pocos metros del trono.
Los lobos gruñeron, bajo y profundo en sus pechos, mostrando largos colmillos blancos. El sonido prometía solo dolor.
—Vardan. Varik. Basta.
La voz era como grava y trueno: profunda, autoritaria, absoluta, rebosan