—Si no quieres que te castigue, entonces no me des razones para sentir celos, Grasya.
La hizo girar con brusquedad, pegando su espalda contra su sólido pecho, y la rodeó con los brazos tan fuerte que no pudo moverse. Antes de que pudiera recuperar el aliento, la empujó hacia adelante, aplastando su cuerpo contra el frío cristal del ventanal salpicado de lluvia.
—¡Helios! —jadeó ella, sorprendida.
—¿Hmm?
—Alguien podría vernos… él podría…
—Sigue. —Su voz bajó, ardiente y baja, con un desafí