—Riva —advirtió Sev con voz cortante.
—¡No me digas que me calme! ¡Es verdad…!
—Señor, renuncio —dijo el hombre del IT. Se levantó, se quitó la credencial del cuello y la dejó sobre la mesa de centro—. Supongo que los rumores son ciertos. Sobre el tipo de mujer con la que planea casarse. —Se dio la vuelta y salió sin decir una palabra más.
Los ojos de Riva se abrieron como platos.
—¡Bien! ¡Renuncia! ¡De todos modos nunca fuiste nada del otro mundo!
—¡Riva! —Sev la agarró del codo y la detu