Aunque Me Olvides (GIRO EN EL TIEMPO) (3)
Aunque Me Olvides (GIRO EN EL TIEMPO) (3)
Por: kesii87
PREFACIO + CAPÍTULO 1

PREFACIO

“Sobre la cubierta del puerto de Nueva York la figura de un joven de cabello rubio y alborotado se encuentra, con la mirada fija en el océano, buscando cualquier anomalía en aquellas aguas calmadas, en aquella noche estrellada.

Una muchacha de cabello castaño y estatura mediana camina hacia aquella figura, parece sorprendida por su aspecto, ya que las ropas que usa no son de esta época.

“William” Pronuncia cuando llega hasta él, como si realmente esperase que aquella figura translucida pudiese escucharla, aquella figura de humo, pues recién ahora se percata de que esa figura no es real, tan sólo parece un recuerdo de una vida anterior.

Para su sorpresa la silueta se vuelve hacia ella y le sonríe, como si realmente pudiese reconocerla. Pero ella no lo conoce, no sabe quién es esa figura, ni la razón de su estancia allí.

Pero antes de que pueda averiguarlo, nota el rostro de preocupación de aquel hombre, y siente como una fuerza superior la empuja hacia el océano, haciendo que caiga, que se hunda en lo más profundo del abismo.

Su cuerpo chocaba contra las frías aguas, atravesándolas y hundiéndose cada vez más en aquel espeso océano. Sus pulmones pronto se encharcaban mientras ella luchaba por su vida y sentía como poco a poco su vida se marchitaba, como su espíritu abandonaba aquel cruel mundo.

Ya no quedaba nada por lo que luchar, ya no podía percibir a aquella figura, ya no volvería a ver aquellos ojos verdes. Una luz cegadora la embargaba, una hermosa luz celestial se expandía por cada poro de su cuerpo haciendo que el dolor cesase”

CAPÍTULO 1:

La niña de nadie

            Emily Forbes despertaba sobre su cama, sobresaltada, sus cabellos rizados cubiertos en sudor por su rostro chorreaban. Sus ojos se cerraban y abrían intentando volver a la normalidad, mientras sus lágrimas por sus ardientes mejillas se precipitaban.

Aún podía notar cómo se sumergía en el agua, como se ahogaba, como el agua del mar entraba por cada agujero de su cuerpo, como intentaba respirar en vano. Y cuando ya creía que todo estaba perdido, que moriría en aquellas aguas sin volver a ver a su familia… una luz cegadora la envolvía.

Alargó su mano, agarrando el despertador, percatándose de que eran las 4 de la mañana. Una noche más, aquella escena se repetía. Aquel sueño volvía a traerle dolor. Tocó su pecho enojada, notando como su corazón palpitaba. Tragó saliva preocupada, pues de nuevo aquel apuesto joven frente a ella se mostraba.

Cerró los ojos mientras recordaba como el joven se acercaba hacia ella, preocupado, como si temiese no volver a ver jamás al amor de su vida. Su corazón latía fuerte, pues por un momento había sentido todo su dolor.

El frío suelo la sobresaltó, percatándose de que sus zapatillas no se encontraban junto a su cama, sus pies sobre la fría piedra chocaban. Recordaba entonces, como la noche anterior, había subido descalza a su habitación.

Se enervó pensativa, recordando de nuevo aquella molesta sensación: Podía sentir como caía, como el rostro del hombre se alejaba, el dolor y el miedo se apoderaban de ella, pues de un momento a otro caería al vacío y se hundiría en aquellas templadas aguas.

Volvió a tragar saliva, caminó despacio hacia la puerta de su habitación, pues no quería despertar a su padre, ya que este tendría que levantarse en pocas horas para asistir al gabinete de abogados. Atravesó el pasillo con sigilo, llegando hasta las escaleras.

Al llegar a la cocina de puntillas, se paró frente al frigorífico: una fotografía del día de su graduación se sujetaba con un imán. Recordaba muy bien ese momento, junto a sus 3 mejores amigas:

Rebekah, Elisabeth, Jane y Emily sonreían hacia el fotógrafo que inmortalizaría aquel momento. Tan pronto escucharon el click, las cuatro amigas rieron divertidas, ya que estaban bastante nerviosas por la graduación, al fin se habían graduado, al fin estaban listas para comenzar su vida laboral.

Y entonces cayó en la cuenta: en tan sólo unas pocas semanas comenzaría sus prácticas en aquel prestigioso gabinete, el mismo en el que había empezado su padre. Estaba ansiosa por demostrar su talento, y sonrío dichosa mientras abría la nevera y cogía un poco de agua.

Emily” Escuchó tras de sí, miró hacia atrás sobresaltada, soltando la jarra de agua que se hizo añicos en el suelo. Su corazón latía a toda velocidad, pues en la cocina no había nadie más que ella, aunque habría jurado que había escuchado que alguien la llamaba. Una voz tan clara y suave…

Se sentía como una estúpida, pues a causa de su torpeza había roto la jarra más preciada de su madre, la que su abuela le había dejado en herencia.

Se agachó confundida, mientras recogía los trozos de cristal con cuidado de no cortarse. Y entonces aquella voz volvió a llamarla “Ems...”

Tiró los cristales al suelo y corrió hacia el salón, sin darse cuenta si quiera que se había cortado y ahora manchaba todo el suelo de sangre, a su paso. Pero estaba demasiado alterada como para percatarse de ello, ni siquiera se había dado cuenta de que su padre había bajado las escaleras y se encontraba de pie con sus marrones zapatillas, frente a ella.

  • Emily… - Comenzó su padre al ver el estado de su pequeña - ¿qué ocurre? – Preguntó al darse cuenta de que su hija estaba totalmente fuera de sí. Parecía realmente asustada por algo.

  • Padre… - Emily miró hacia el hombre, y luego volvió la vista a la cocina, con la intención de ver a alguien, a aquella persona que la había llamado, pero en la cocina tan sólo se encontraba aquella jarra rota y sus pisadas sangrientas. – Me he cortado – Reconoció al percatarse de que el suelo estaba cubierto con su sangre.

  • Está bien cariño, te ayudaré a curarte – dijo el hombre mientras se dirigía a la cocina para coger el botiquín.

Emily se sentó sobre el sofá y agachó la mirada para ver el estado de sus pies, pero lo primero que llamó su atención fueron sus zapatillas, se encontraban allí, justo donde las había dejado la noche anterior. Volvió la mirada hacia sus pies, percatándose de que se había clavado algunos cristales.

  • Papá, date prisa – Le apresuró al notar el cristal dentro de ella, recién ahora notaba el dolor que le causaba.
  • Ya estoy aquí – dijo sentándose junto a ella, abriendo el botiquín sobre la mesa, y agarrando unas pinzas con la intención de extraer los restos de la jarra de los pies de su hija. – Muéstrame los pies

La joven se echó hacia atrás mientras ponía las piernas sobre su padre, este agarraba los delicados pies de su pequeña y los acariciaba dulcemente mientras miraba hacia ellos repudiado, pues le parecía una pena que algo tan bello se encontrasen en tal situación, tan sólo esperaba que aquello no dejase cicatriz.

  • ¿Qué te asustó? – Preguntó su padre cuando colocaba la venda sobre uno de los pies de la joven. Pues sabía perfectamente que su hija no solía cometer errores como aquel.

  • Creí que alguien me llamaba – Respondió la joven volviendo la vista de nuevo hacia la cocina, la cual permanecía a oscuras, pues su padre había apago la luz que ella había dejado encendida.

  • ¿Quién te llamaba? – Preguntó su padre sin comprender a qué se refería su hija. - ¿Lucas?

  • No, no tiene nada que ver con Lucas – Reconoció, pues no quería que su padre pensase que la presión por estar alejada de su novio la estaba afectando, aunque podría ser en realidad eso – era… una agradable voz – recodaba, pues no sabía bien donde había escuchado aquella voz, pero tenía la sensación de que la había escuchado antes. – No te preocupes papá, tan sólo estoy nerviosa por la semana que viene, pronto empezaré a trabajar en Rolling and Wallet y aún no sé muy bien como…

  • No te preocupes cariño, lo harás bien – Le tranquilizaba el hombre, pues sabía perfectamente que su hija sería igual de buena que él - Créeme lo sé, confío en ti.

La joven sonrió aliviada, pues saber que su padre la apoyaba era suficiente para enfrentarse a cualquier cosa. Bajó los pies, metiéndolos en sus zapatillas, y caminó con cuidado hacia las escaleras junto a su creador.

Su padre la acompañó hacia su dormitorio, recostándola en la cama después…

  • Recuerda que debemos ir a casa del abuelo mañana, ¿te acordaste de avisar a las chicas? – Preguntó, haciendo que la chica recordase que no había invitado a sus amigas a ir al campo de su abuelo con ella.

  • Quedaré mañana temprano con ellas y les hablaré de ello, no salimos hasta la tarde ¿verdad? – Preguntó, preocupada de que no le diese tiempo a preparar la maleta y avisar a sus amigas para tomar el vuelo a Inglaterra.

Tras observar como su padre dejaba la habitación, cerraba los ojos lentamente, mientras se envolvía de nuevo en sus sueños.

***

En aquella hermosa noche estrellada, la oscuridad se hacía plena por aquellas siniestras aguas, tan sólo la circunferencia de una luna redonda la iluminaba, dejando ver sobre ella un siniestro navío de velas rasgadas. Sobre el punto más alto, el camarote del capitán, un apuesto pirata con catalejo en mano.

El mar estaba en calma, tranquila y sosegada, ni un solo ruido se escucha por la apaciguada noche. Eran pocos los que despiertos deambulan por la sucia cubierta.

Apuesto pirata, con relucientes ropajes, y rostro limpio y cuidado, paseaba por esta admirando la espesura de la noche. No podía ver más allá de la luna, la oscuridad se hacía tan plena que casi no podía parpadear.

“Aquella joven ha vuelto a sus sueños” Pensaba el capitán, ella volvía a caer al océano, perdiéndose en la espesura de aquellas aguas. Podía sentir como su corazón se rompía en mil pedazos, como si hubiese perdido su razón de vivir. Tocó su pecho, preocupado, pues tales sentimientos como el amor nunca habían sido motivo de que perdiese el sueño.

“William” escuchaba tras de sí, haciendo que se parase en seco, sabía perfectamente a quien pertenece aquella voz, pero temía darse la vuelta y encontrarla en su navío, por un momento tenía la sensación de que aquello ya lo ha vivido. Pero al voltearse, se percató de que tan sólo había sido una alucinación. Ella no estaba allí, nunca estaría, pues tan sólo era una invención, un sueño, alguien que nunca podría enamorar a un ruin pirata como él.

Metió la mano en su bolsillo y sacó de él un trozo de pergamino, viejo, arrugado, en el que se encontraba dibujado el hermoso rostro de una joven mujer. Lo observó con calma, como si una parte de él recordase el sentimiento que le proporcionaba perderse en la mirada de aquella joven, por un momento no parecía un sueño, por un momento se sintió vulnerable frente a ella. Pero entonces, se percató del sentimiento que aquello le proporcionaba, de lo terriblemente débil que se sentía frente a aquel dibujo. Levantó este en alto, sacando la mano del barco, para luego abrirla, observando como aquel hermoso dibujo caía al mar, empapándose y siendo tragado por él.

***

El cielo se enorgullece al recibir la llegada del respetado sol, en aquella hermosa mañana de primavera, en la gran ciudad de Londres, todos corren de prisa hacia sus trabajos. Unos conducen su propio coche, otros prefieren la rapidez del metro, otros la comodidad del autobús y algunos ir andando a su cercano trabajo. Pero no todos tienen que trabajar en esta ciudad...

En un conocido y lujoso café llamado Pitfield, tres chicas se hallaban sentadas en los cómodos sofás junto a la mesa de la esquina, donde solían hacerlo cada mañana. Ellas eran Rebekah, Elisabeth y Jane.

Rebekah Hanson era hija de un prestigioso diseñador de moda y una millonaria accionista de una importante protectora de animales. Era una chica bastante presumida y experta en moda, pues había heredado el don de su padre. Aunque su verdadera vocación era la abogacía, por esto había estudiado esta difícil carrera y ahora planeaba abrir su propio negocio, en colaboración con su madre. Pues quería hacer una protectora de animales abandonados y crear un departamento de adopción para que la gente rica pudiese adoptarlos en lugar de comprarlos en tiendas de animales.

Era una joven morena, de estatura pequeña, que siempre lucía uno de los modelitos que su padre confeccionaba.

Elisabeth Corner vivía con su padre, que la adoraba y siempre la consentía demasiado. Debido a que su madre vivía en España con su actual marido, y que apenas la veía, se había descontrolado un poco y en aquel momento, era bastante liberal. Su padre se dedicaba a producir música para jóvenes talentos en una conocida discográfica. Mientras que su madre cultivaba vino en España junto a su esposo.

Era una joven rubia, de estatura media, y también vestía a la moda, gracias a los consejos de sus amigas.

Jane, era la más pequeña de las tres, era una joven dedicada, muy estudiosa y con un gran sentido del humor. Quizás su situación era la más distinta de todas: Vivía con sus abuelos, pues sus padres habían muerto en un accidente de coche cuando era niña. Y por esta razón había estudiado tanto para llegar a donde estaba.

Sus abuelos eran dueños de una de las más importantes empresas de repostería. Y aunque estos querían que su nieta heredase su imperio, esta había decidido que sería abogada social. Aunque no estaba teniendo demasiado éxito para encontrar trabajo.

Las muchachas reían divertidas mientras Jane contaba que estaba pensando en ayudar a sus abuelos con el negocio familiar mientras que encontraba algo sobre lo suyo. Cuando llegó la cuarta del grupo:

Emily Forbes. Era una muchacha decidida y entregada con su trabajo: hija de un respetado abogado criminalista y de una escritora sensacionalista. Había estudiado la abogacía, pues quería ser como su padre, y amaba ser abogada. Actualmente estaba saliendo con el conocido jugador de Rudbig Lucas Alan… Y las malas lenguas decían que pronto habría planes de boda.

  • Siento llegar tarde – Dijo la muchacha mientras se sentaba junto a Jane – He tenido una noche horrible, no he podido pegar ojo.

  • ¿De nuevo ese apuesto capitán? – Preguntaba Elisabeth dejándose llevar por su curiosidad

  • Creo que Lucas se pondría realmente celoso si se enterase de que tienes esos sueños con otros hombres – Bromeaba Jane.

  • Él no es el tema de hoy, ni tampoco ese capitán. Os he llamado porque quería recordaros que… - comenzó la chica, que empezaba a estar arrepentida de haberle contado a sus amigas sobre aquellas pesadillas, y aquel misterioso pirata que aparecía en ellas.

  • ¿La visita a casa de tu abuelo? – Preguntó Rebekah - ¿cómo podríamos olvidarlo?

  • Te llevaste toda la semana pasada recordándolo – Añadía Jane. – Además, ¿por qué crees que traigo estas pintas? – Preguntaba - es claramente para la ceremonia ¿cuándo me has visto usar vestido? – Su amiga tenía razón, ella no solía llevar vestido a no ser que tuviese un evento importante.

Casi media hora más tarde, después de charlas y risas, las chicas salían por la puerta del lugar, mientras caminaban cada una hacia sus coches.

***

Mientras tanto, en aguas calmadas, el rey de las sombras surcaba los mares, a toda vela, parecía que estaba realmente ansioso por llegar a su destino.

  • Capitán – gritó uno de sus secuaces desde el puesto de vigía – Barba Negra no puede andar muy lejos.

  • Perfecto, avisadme cuando hayamos topado con ese traidor. - Respondía el hombre furioso, pues aún recordaba como aquel cobarde les había quitado el motín que habían recaudado en Port Royal. - Debemos vengarnos, nuestra reputación está en juego, señor Smith.

En las profundidades del océano, en una antigua ciudad en decadencia. La antigua Antártida la llamaban algunos, vivan en paz las sirenas.  La diosa del mar cuidaba de ellas, con sus inquebrantables normas mantenía la paz bajo el mar.

Aquel día, aquella hermosa diosa, con apariencia de sirena, ordenaba recuerdos en grandes burbujas, mientras admiraba decepcionada el oráculo (un enorme agujero en medio del suelo). Se suponía que aquello no debería haber acabado de aquella forma, se suponía que ella nunca debería haber regresado a su tiempo, que el dios de la muerte no se saldría con la suya, que ellos no olvidarían quienes eran, se suponía que el tiempo no volvería atrás, que volverían a su tiempo, que ella volvería junto a su pequeña, se suponía...

  • Ellos no se recuerdan – Añadió una joven sirena llegando hacia la diosa, pues sabía muy bien que todo aquello había sido culpa suya.
  • Sólo pueden encontrarse en sueños – Respondió la diosa, dándole la razón a su subordinada, pues sabía que sólo en sueños podían estar juntos, pero eso no era algo real, cuando despertasen volverían a su realidad.
  • Quizás… si nosotras pudiésemos hacer algo… - comenzó la mujer, pues odiaba ver a su hijo y a aquella chica sufriendo. – Si pudiésemos ayudarles a recordar…
  • No es algo que podamos hacer, esto es algo que lleva el sello del dios de la muerte, no puedo deshacer lo que él ha hecho. – Le espetaba la hermosa criatura mientras hacía un movimiento con la mano para cerrar el oráculo, haciendo que el enorme hueco del fondo desapareciese como si nada.
  • Pero el guardián si puede hacerlo – sugería la muchacha, mientras la perseguía por la estancia.
  • ¿Cómo podría? – Inquiría la diosa, mientras se daba la vuelta y miraba hacia su hija - Si ni siquiera recuerda cómo volver junto a ella. – Le espetaba mientras negaba con la cabeza, pues sentía que aquella situación se le había escapado de las manos.
  • Podemos hacerle recordar, podemos intentarlo. - Insistía nuevamente la joven sirena, intentando que su madre entrase en razón, pero una parte de ella lo sabía. La diosa no haría nada por ayudar a los humanos, los envidiaba demasiado.
  • ¿Acaso no sabes cuales son las reglas del mar? – Le reprochaba, haciendo que sus agallas se inflaran del susto - Nosotros no ayudamos a los humanos, no nos metemos en sus asuntos, igual que no nos gusta que ellos se metan en los nuestros.
  • Pero ... – Comenzó nuevamente, intentando lograr la atención de la diosa.
  • Es mi última palabra. Espero por tu bien que no hagas nada por tu cuenta, pues ya sabes cuál es el destino por desobedecer mi orden.

***

Emily se encontraba en el asiento delantero del coche, junto a su padre, de camino a casa de su abuelo en el campo. El viaje en avión había sido más pesado de lo que esperaba, y apenas había podido pegar ojo en el trayecto. Si a eso le sumamos que tampoco había dormido bien las noches anteriores, comprenderéis porque la joven daba leves cabezadas en su asiento.

Su madre se encontraba de viaje de negocios y no había podido asistir a la boda de su padre, o más bien, lo cierto era que no había querido hacerlo, pues no veía con buenos ojos que su padre se volviese a casar con una mujer después de haber perdido a su esposa.

  • Emily, cariño, ¿en qué piensas? – Preguntaba su padre mientras pasaban por delante de un viejo café con forma de caravana de los años 60.
  • ¿Crees que Lucas estará aquí para mi cumpleaños? – Preguntó desanimada, pues no tenía demasiadas esperanzas de que su novio llegase a tiempo para ese día.
  • Por supuesto que estará. – Respondía su padre con ilusión - ¿Por qué piensas que no lo hará?
  • Es solo… es como si…- comenzaba la muchacha, parecía que estaba haciendo verdaderos esfuerzos por explicarle a su progenitor como se sentía - no se explicarlo, pero siento como si fuese a perder algo – Aclaró - no, más bien, como si ya lo hubiese perdido.

***

Tres barcas eran remadas hacia una isla en mitad del océano, en una de ellas el capitán William Drake sonreía con malicia, pues pronto alcanzarían al escurridizo de barba negra y rendirían cuentas con el hombre que les había arrebatado el gran tesoro que habían requisado. Pero antes de que pudiese darse cuenta si quiera de lo que pasaba, tres hermosas mujeres aparecieron bajo el agua y se agarraron dulcemente a la barca del capitán.

Los marineros las miraron deseosos, mientras el capitán intentaba recordar dónde había visto antes a una de ellas, pues le resultaba extrañamente familiar.

  • Capitán Drake…- le llamó la joven, mientras este miraba hacia ella sin saber que decir. – el tesoro que buscáis no se encuentra en mapas ni en cruces. – El hombre la miró sin comprender a que se refería – Vuestro tesoro no se haya en islas ni ciudades. El verdadero tesoro de tal pirata se encuentra en el interior de un denso bosque.
  • ¿Qué queréis decir con eso? – Preguntaba preocupado, pues no entendía las palabras de aquella sirena.

Pero antes de que la muchacha pudiese responderle, uno de sus marineros había descubierto que aquellas hermosas mujeres no eran más que sirenas, peligrosas sirenas.

  • Capitán, alejaos de ella, tan sólo es un vulgar monstruo – Aclaró el hombre mientras lanzaba uno de los remos contra la mujer, la cual se metió en el agua antes de ser alcanzada. Haciendo que las demás sirenas lo hiciesen también.

Y entonces sucedió, el dibujo que había tirado al agua la noche anterior, acababa de aparecer en el agua, inexplicablemente se encontraba intacto, como si el agua no afectase a la tinta.

Alargó la mano para cogerlo, antes de que la barca continuase su camino, y lo guardó en su bolsillo sin tan siquiera secarlo primero.

***

El campo de su abuelo estaba tremendamente bello, lo habían adornado con flores blancas y lazos del mismo color para la ceremonia. Y habían puesto largas mesas en el jardín para la celebración.

Rebekah llevaba un nuevo diseño de su propio padre. Se trataba de un hermoso vestido azul tipo corpiño, sin tirantas, y con unas cintas puntiagudas y de lentejuelas alrededor de este de manera uniforme. El vestido era de lo más original. Su cabello estaba suelto al viento.

Jane llevaba un hermoso vestido morado de media manga y un acentuado escote, y por primera vez en mucho tiempo la joven se había puesto tacones. También llevaba el pelo suelto y algo ondulado.

Elisabeth llevaba un moderno y simple vestido azul marino de tirantas y bastante corto cabe destacar. Llevaba su cabello rubio y liso.

Emily lucía un modelito que su amiga Rebekah había confeccionado para ella. Se trataba de un vestido de manga larga de color rojo, ceñido al cuerpo, con un acentuado escote y la espalda totalmente descubierta. Llevaba su hermoso cabello negro suelto al viento.

La joven se quedó maravillada al ver a su abuelo junto a un repleto manzano, sujetando a la que sería su futura esposa, parecía realmente feliz, y a ella le hacía realmente feliz que el hombre hubiese encontrado de nuevo a alguien con quien compartir su vida. Pero entonces, antes de que pudiese sonreír hacia su abuelo, se percató de algo… aquel roble. Juraría que había tenido la sensación de que algo había pasado en aquel lugar. Cerró los ojos un momento, acalorada, aquel vestido le apretaba demasiado y… entonces lo vio en su mente…

Sobre el manzano la escalera se posaba, subido en ella, agarrando deliciosas y rojas manzanas un apuesto muchacho se hallaba, sonreía mirando hacia abajo, hacia una muchacha que reía divertida al verle trabajando para su abuelo. Ella lucía unos pantalones cortos y una camiseta de seda de mangas de tirantas, en sus pies unas botas de media altura. Él, una camiseta de lino entre abierta, dejando ver sobre su pecho una hermosa gema esmeralda que cuelga de su cuello, unos vaqueros y unos deportivas de su abuelo.

Aquel muchacho sonreía hacia ella, bajaba de las escaleras y le ofrecía una manzana. La joven la aceptaba maravillada por aquel gesto”

Emily abría los ojos despacio, intentando calmarse y recomponerse de aquella extraña sensación, por un momento, habría podido jurar que podía sentir que aquello era real, podía sentir como aquel joven le gustaba. Sacudía la cabeza mareada, intentando recomponerse de aquella situación. Tras darse la vuelta evitando la mirada de su abuelo, entraba en la casa, donde solía pasar muchos veranos de pequeña, justo antes de que su padre aceptara el trabajo en Nueva York y de que tuviesen que mudarse a la gran manzana.

Nada más entrar, sobre la chimenea, un hermoso dibujo de unos patos adornaba la pared en un bonito cuadro de madera. Apenas le presta atención, pero por alguna razón sentía que ese cuadro no siempre estuvo ahí, por un momento era como si supiese que había otra cosa ahí.

  • ¡Hola! - Saluda una niña justo detrás de ella, haciendo que saliese de sus pensamientos y mirase directamente hacia ella. Se trataba de una joven de unos 7 años de edad, con el cabello castaño claro y los ojos de un verde intenso.

  • Me has asustado. - decía mientras cogía aire para seguir hablando - ¿qué haces por aquí? ¿te has perdido?

  • No, nada de eso. - Respondía la pequeña calmada -Tan sólo quería un poco de agua

  • Oh, en ese caso, te lo daré. - Sugería la joven, mientras agarraba un vaso de la despensa, para llenarlo de agua después.

  • ¿vives aquí? – Preguntaba la niña, intentando sacarle información a la joven - Nunca antes te había visto por aquí.

  • No, no vivo aquí, esta es la casa de mi abuelo. - Aclaraba la mujer mientras ponía el vaso con agua sobre la mesa de la cocina. La niña alargó la mano y cogió el vaso con cuidado de no derramarlo.

  • Oh, es verdad – Reconocía la pequeña, como si supiese realmente quién era ella y dónde vivía - el señor Brown venderá la casa pronto.

  • Si, el abuelo está decidido a hacerlo...- Examinaba algo decaída, pues a ella no le parecía una buena idea, ya que había vivido tan buenos momentos en aquella casa, en el pasado.

  • ¿Puedes echarle un poco de fresas? – Preguntó la niña hacia Emily, haciéndola salir de sus pensamientos de nuevo - de esas que hay allí. - Señaló, como si supiese desde el principio dónde guardaba el abuelo las frutas. - Me gusta mucho el agua con sabores – Aclaró.

  • Claro que sí – Respondía la joven divertida, mientras cogía algunas fresas y las enjuagaba. - a mí también me encanta. - Admitía sonriente, le parecía curioso que a alguien más le gustase tomar el agua de aquella forma.

  • ¿tienes hijos? – Preguntaba la pequeña, haciendo que la mujer volviese la mirada hacia ella y olvidase la razón de haber abierto el cajón de los cubiertos.

  • No, no tengo hijos – Respondió apenada, como si de verdad le transmitiera dolor el no haberlos tenido todavía, aunque no había pensado en tenerlos por el momento. Más bien, era una sensación extraña.

  • ¿Has pensado en tenerlos? – Preguntaba la niña mientras posaba el vaso de agua sobre la mesa de la cocina sin haber dado ni un solo sorbo, ya que esperaba que ella cortase las fresas primero.

  • No, la verdad es que no – Reconocía, mientras cogía el cuchillo y cortaba las fresas en el vaso de la pequeña.

  • ¿Ni siquiera has pensado en un nombre para cuando tengas una niña? – Preguntaba la pequeña, haciendo que Emily volviese a prestarle atención, pues sus preguntas eran de lo más curiosas.

  • No, la verdad es que... – negaba con la cabeza, pero se paró en seco al pensarlo detenidamente - bueno, de pequeña siempre quise que mi primera hija se llamase…- pero antes de terminar y descubrirle el nombre, la niña la interrumpió.

  • - Respondía la pequeña, como si supiese realmente el nombre que había pensado.

  • Si en efecto, me gusta ese nombre. - Exclamaba la joven divertida.

  • Ese es mi nombre – Le descubría la niña con una sonrisa de oreja a oreja, como si transmitir su nombre hacia aquella mujer fuese una gran cosa - me llamo Andrea.

  • Es un precioso nombre. - Reconocía - Pero... ¿dónde están tus padres? ¿estás aquí sola? – Preguntaba preocupada, pues en todo el rato que llevaban hablando no había notado preocupación por perderse de sus padres en ella.

  • Mi mamá está por aquí – Aseguraba la pequeña con una gran sonrisa en su rostro, parecía que estaba realmente feliz de estar con ella - pero mi papá no – proseguía entristecida, se veía que estaba bastante triste por ese hecho - el no pudo venir. No es exactamente que esté sola...

  • Seguramente ella se preguntará dónde te metiste – Sugería, intentando que la pequeña volviese con su madre y no se perdiese por aquel lugar sola.

  • No lo creo. - Negaba la niña mientras miraba hacia el suelo y luego volvía a poner los ojos en el vaso de agua, que agarraba fuertemente entre sus pequeñas manitas, de nuevo - Ella no me recuerda. Es como si sus recuerdos se hubiesen ido. - Reconocía ante una atónita Emily, mientras daba un pequeño sorbo al vaso de agua.

  • ¿Cómo...? – Preguntaba esta sin comprender las palabras de la niña - Pero... no dijiste que habías venido con tu mamá.

  • No, nunca dije eso – Respondía la pequeña con melancolía - dije que mi mamá está por aquí.

  • .. ¿cómo puede ser que ella no te recuerde? ¿tuvo algún accidente o algo? – Se interesaba por aquella niña, no sabía por qué, pero le entristecía saber que lo estaba pasando mal.

  • No, bueno... algo así, no es exactamente un accidente. - Decía la niña, parecía estar haciendo verdaderos esfuerzos por explicarse, pero no sabía cómo hacerlo sin asustar a su nueva amiga.

  • ¿y tu papá? – Preguntaba curiosa por aquella situación de la pequeña.

  • No sé qué pasó con él. - Respondía decaída - De pronto sólo mi mamá regresó, aunque yo no lo supe hasta más tarde. - se explicaba, parecía realmente sincera - Pensé que estaba sola. Incluso el abuelo me ignoraba...

  • ¿Vives con tus abuelos entonces? – Preguntaba algo más tranquila de saber que al menos tenía a alguien que cuidaba de ella.

  • No, no exactamente – Respondía la pequeña - mi abuelo no me recuerda tampoco. Es todo muy raro.

  • .. ¿qué sucedió? ¿por qué toda tu familia se olvidó de ti? – Preguntaba, intentando averiguar algo más acerca de aquella extraña niña.

  • No lo sé... – Respondía con sinceridad, haciendo una mueca de dolor - un día todos éramos felices...- explicaba cambiando su forma de expresarse, parecía feliz al recordar aquellos momentos - entonces... mis padres se marcharon...- en aquel momento parecía bastante triste por aquel recuerdo - sabía que volverían, me dejaron con mis bisabuelos, y yo era feliz. - explicaba - Pero de pronto... un día... me desperté y todo había cambiado.

  • ¿Cómo había cambiado? – Preguntaba preocupada por todo lo que la niña le estaba contando.

  • Mis bisabuelos no me recordaban, mi mamá tenía otra vida distinta y tampoco me recordaba, y ni siquiera sé dónde está mi papá...- Explicaba con tristeza, parecía realmente lamentable la situación que le había tocado vivir a tal temprana edad.

  • .. – comenzó, sin saber muy bien como reconfortar a la pequeña.

  • Entonces un día... mi abuela murió. - Admitió entristecida, con lágrimas en sus ojos, parecía que de un momento a otro se pondría a llorar.

  • ¿También ha muerto tu abuela? La mía murió hace unos años...- recordaba algo triste.

  • En realidad, no era mi abuela, era mi bisabuela – Reconocía - pero le llamaba abuela porque bisabuela es demasiado largo.

  • Ah, ya, entiendo

  • Pues sí, ella murió y entonces mi abuelo comenzó a verme, pero no me recordaba, incluso me echaba de casa porque se asustaba de mí. - Explicaba la niña, haciendo que Emily la mirase alarmada.

  • ¿te echaba de casa? Entonces... ¿dónde es que vives ahora? – Preguntaba preocupada de que la niña viviese sola y pudiese sucederle cualquier cosa.

  • En el bosque. - Admitía la niña con tranquilidad, parecía que vivir en aquel lugar no era tan malo como imaginaba - Pero estoy bien, no estoy sola. - Reconocía, haciendo que Emily se tranquilizase un poco - A veces Tuka viene a visitarme.
  • ¿quién es Tuka? – Preguntaba curiosa, ya que de alguna forma sentía que había escuchado ese nombre alguna vez.

  • Es mi mejor amiga. - Explicaba la pequeña con ilusión.

  • .. creo que deberías hablar con tu madre, quizás si le recuerdas quien eres...- sugería, intentando que la niña solucionase alguno de sus problemas.

  • Nunca hablé con ella, excepto una vez, pero...- se expresaba la pequeña, haciendo verdaderos esfuerzos por no mirar a la muchacha a los ojos - ella no me recuerda. Ella me trató como a una desconocida.

  • .. en ese caso... podría ayudarte – Sugirió – yo podría hablar con ella…

  • ¿de veras? ¿Me ayudarías? – Preguntaba la niña entusiasmada, como si realmente le agradase la idea.

  • Podría llevarte a un lugar donde viven más niños… - comenzó la mujer, intentando convencerla para llevarla a un orfanato, pues no soportaba la idea de que un niño estuviese pasando penurias en la calle.

  • No, no quiero vivir en un orfanato. - Respondía, como si hubiese adivinado los pensamientos de la mujer - ¿por qué no me llevas contigo? – sugirió.

  • ¿A mi casa? – Preguntaba atónita por aquella locura que la niña había propuesto - Ni siquiera te conozco.

  • Pues conóceme – Respondía la niña divertida - ¿quieres que te cuente sobre mí?

  • No tengo tiempo para cuidar a una niña pequeña, tengo cosas que hacer en la ciudad. – Respondía apenada, pues no quería dañar el corazón de la pequeña, pero la verdad era que no estaba preparada para cuidar de una niña.

  • Entonces podría ir a visitarte. - Insistía la pequeña, que odiaba la idea de no vivir junto a ella – Podría quedarme sólo unos días.

  • ¿Tu sola? – Preguntaba inquieta - El autobús es peligroso para una niña pequeña. Además, dudo que permitan que una niña pequeña coja el avión sola.

  • No me importa, no tengo miedo. - Respondía la niña totalmente temeraria.

  • .. – le regañaba la mujer.

  • ¿A qué te dedicas? – Preguntaba la pequeña, intentando cambiar de tema, ya que no quería discutir con ella.

  • Soy abogada, por eso te digo que no tengo tiempo para...- se explicaba la muchacha, pero la niña no estaba dispuesta a escuchar más sobre eso.

  • .. abogada... mi mamá era profesora de niños.... y también escribía historias. - Decía entusiasmada, se veía a leguas que estaba muy orgullosa de su madre y la quería muchísimo.

  • ¿Escribía? – Preguntaba sorprendida - Yo también lo hago. Y... ¿sobre qué escribía?

  • Sobre su vida, como conoció a mi papá, no se de todo un poco. - Explicaba la niña, haciendo que la muchacha le prestase gran interés, pues le interesaba mucho aquello.

  • Ah, que interesante, y ¿cómo conoció a tu papá? – Preguntaba, sin darse cuenta de que aquella conversación estaba tomando un rumbo inesperado.

  • Se conocieron en su barco. - Aclaraba haciendo que la joven la mirase entusiasmada, parecía que quería saber más sobre sus padres y aquel barco.

  • ¿Tu papá tenía un barco? – Preguntó atónita, ya que ella siempre había querido navegar sobre uno.

  • Si, uno grande, inmenso... no te imaginas como era. - Respondía la pequeña entusiasmada, parecía estar disfrutando de aquella conversación.

  • ¿Tú también te montaste en él? – Preguntaba curiosa por saber que se sentía al subirse en uno.

  • No, en realidad no, pero mi papá me hablaba mucho sobre él. - Respondía entusiasta -Como hacer nudos, como mirar por el catalejo, como saber si el enemigo te sigue por detrás.

  • ¿el enemigo? – Preguntaba sin comprender a qué se refería.

  • Sí, era súper interesante. - Admitía la pequeña, haciendo que Emily la mirase con ganas de conocerla más, pues le encantaba la forma que tenía de hablar sobre sus padres - Y lo que más me gustaban eran las batallas.

  • ¿qué batallas? – Preguntaba atónita.

  • Las batallas a las que se enfrentaban. - Respondía la niña, haciendo que la mujer la mirase sin comprender.

  • Está bien, lo que tú digas...- concluyó la mujer, deduciendo que aquella niña estaba inventando todo aquello para llamar la atención - bueno y cuéntame sobre tus abuelos... ¿no tienes más abuelos que puedan hacerse cargo de ti?

  • Mmm en realidad no. Mis abuelos por parte de padre murieron hace mucho. - Reconocía, ya que su padre le había contado historias sobre ellos.

  • Oh lo siento...- Se disculpaba.

  • No, no pude conocerles. Pero mi papá me habló mucho sobre ellos. ¿Quieres saber cómo se conocieron mis abuelos? – Preguntaba la pequeña, dispuesta a contarle mil historias sobre todo aquello, y más ahora que la mujer estaba entusiasmada sobre ello.

  • A ver... ¿cómo se conocieron? – Preguntó, sabiendo que la niña volvería a inventar alguna historia para llamar su atención.

  • Mi abuelo era un guerrero. - Reconocía, haciendo que Emily pusiese los ojos en blanco, de nuevo volvía a las andadas, pero aun así decidió seguirle el juego. Ya que si hacía algo como aquello era señal de que nadie la escuchaba en su día a día.

  • Era militar. - Aclaraba la mujer, intentando ayudar a la niña a contar la historia.

  • Si, bueno... algo así – Reconocía la pequeña, que no sabía cómo contarle aquello sutilmente, de una forma en la que la mujer no se asustase. - Pues bien era militar ...

  • Emily… ¿va todo bien? – preguntaba su padre justo detrás de ella - ¿por qué no has saludado al abuelo? ¿Acaso estás disgustada con él, como lo está tu madre? – Preguntaba el hombre preocupado de que su hija estuviese en tal estado, ya que había notado un cambio extraño en ella en los últimos días.

  • No, nada de eso, me alegro mucho por él. - Reconocía la muchacha con una sonrisa en su rostro - Es sólo que estoy aquí hablando con Andrea. - Explicaba.

  • ¿Quién es Andrea? – Preguntaba su padre arqueando una ceja y mirando hacia donde su hija lo hacía preocupado, ya que allí no había nadie más.

  • La niña con la que estoy hablando...- pero cuando se dio la vuelta para presentársela, se percató de que la niña no estaba, era como si hubiese desaparecido - seguramente se habrá ido a buscar a su madre. ¿dónde habrá ido?

  • ¿dónde habrá ido quién? – Preguntaba su padre exasperado por aquella situación, ya que estaba comenzando a pensar que su hija tenía algún problema.

  • La niña – insistía con impaciencia.

  • ¿Qué niña? ¿de qué estás hablando? – Preguntaba su padre fuera de sí - ¿Qué ocurre Emily? Últimamente estás rarísima. - Le espetaba su padre.

  • Papá, algo me está ocurriendo – reconocía la muchacha con lágrimas en los ojos mientras se sentaba sobre el sofá frente a la chimenea. – No paro de tener pesadillas, y él no para de aparecer en mis sueños, incluso aparece cuando estoy despierta, tengo sueños con él, y me siento como… como… como si realmente hubiesen sucedido.

  • Un momento – Decía su padre, intentando entender lo que su hija decía - vamos por partes ¿quién es él? – Preguntaba atónito.

  • Su nombre es William, William Drake – Reconocía en voz alta, era la primera vez desde que se lo había contado a sus amigas, que volvía a pronunciar aquel nombre que tanto la atormentaba.

  • ¿William Drake? – Preguntaba sorprendido, mientras levantaba una ceja preocupado - ¿el pirata?

  • Si… ¿cómo sabes que es pirata? – Preguntaba.

  • ¿Has estado leyendo algún ejemplar de historia antes de dormir? – Preguntó el hombre preocupado de que su hija pudiese estar volviéndose loca – William Drake es uno de los más temidos piratas del siglo XVI.

  • ¿Qué? No, no, no, no… él… él es…. – Intentaba explicar. Emily no comprendía que había sucedido realmente, cómo era posible que el hombre con el que había estado soñando los últimos meses apareciese en los libros de historia, quizás su padre tuviese razón y ella tan sólo lo había leído en alguna parte, y a causa del stress por su nuevo trabajo o el viaje de su novio se encontraba en tal estado. Pero antes de que pudiese ser calmada por las palabras de su padre, recordó a aquella niña que había aparecido frente a ella hacía apenas unos minutos – la niña.

  • ¿Qué niña? – Preguntó su padre con insistencia, parecía estar cansado de todo aquello, y que su hija volviese a mencionar a aquella niña que no existía le ponía de los nervios.

  • Antes de que aparecieras estaba hablando con una niña, entonces entraste y ella... desapareció. - Explicaba, haciendo que los peores temores de su padre se cumpliesen, su hija estaba viendo cosas.

  • Emily, simplemente estarás cansada, estás pasando por mucho estrés últimamente: los preparativos para tu nuevo trabajo, tu próximo cumpleaños con el que te estás esmerando tanto en organizar… seguramente es sólo eso cariño, cansancio. - Le aseguraba su padre, intentando calmar a su pequeña.

  • ¿y si no es eso papá? Y si… y si… ¿me estoy volviendo loca? – Preguntaba entristecida de que lo que pensase fuese cierto - Tengo la sensación de que he perdido algo... de que…

  • Seguramente añores a Lucas, ha empezado la temporada, y estará fuera más tiempo del que creíais, seguramente sientas vacío por estar lejos de la persona que amas. Es lo que a mí me ocurre cuando tu madre se va a sus promociones por el mundo. - Explicaba haciendo que su hija se sintiese un poco más calmada, aunque no estaba convencida del todo de que aquello fuese realmente así.

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