Dejo caer pesadamente su mano con el pequeño vaso vacío sobre la lisa madera de la barra.
—Otra— pidió secamente y sus fríos ojos azulinos se fijaron en el curvilíneo cuerpo de Regina cubierto apenas por dos piezas de tela y a sus ojos se veía más desnuda que vestida, negó en silencio, había tenido suficiente de haberla visto abrazada y casi manoseada por Giancarlo mientras las estúpidas felicitaciones terminaban… y ahora, ahora el imbécil de Erick se jactaba de bailarín mientras la giraba para