Ya con la nublada luna en lo más alto del cielo, Regina estaba acostada en la cama, sola, se quedó dormida con el celular en la mano, durante las horas en la universidad y de trabajo, lo había revisado en innumerables ocasiones… Giovanni no había siquiera enviado un mensaje.
La mala sensación con la que se quedó una vez que se despidieron esa mañana, se extendió y acentuó en su pecho, y, sintiendo eso, durmió.
Tampoco lo llamó, quiso darle su espacio, aunque se quedara con un sinsabor enorme.
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