—En seguida subo— añadió Sara desde la cocina, escuchó a Alma afirmar y frunció el ceño —¿y esto de dónde se prende? — se preguntó al ver la estufa y diversos botones en ella.
Sara bostezó sonoramente mientras sujetaba la secadora que eliminaría la humedad del cabello de Regina, al ayudarle a hacerlo.
—Entonces, ¿no llorabas por…? — mencionó Alma luego de que Regina guardó silencio.
Ella negó despacio, usaba una de sus pijamas de ositos luego de haberse duchado y abrazaba su almohada al perm