48. A salvo
Andrea mantuvo la mirada fija en el torrencial aguacero que caía al otro lado del cristal, sin reparar en el tiempo que llevaba en la misma posición.
El tictac del reloj de piso, que había marcado tantas noches de insomnio, resonaba más fuerte que nunca. Cada movimiento del péndulo era un recordatorio del tiempo transcurrido.
Cinco años ya desde aquella conversación con la tía Viv, y la última llamada de Javier Herrera. Andrea cerró los ojos, cuestionándose una vez más qué habría pasado si hub