11. Confesión
La puerta de la oficina de Alfredo se abrió de golpe cuando Javier Herrera entró, aun con un poco de furia por lo sucedido un par de días atrás. El hombre miró hacia la ventana, con las manos entrelazadas a la espalda.
—Gracias por acudir a mi llamada.
Javier se detuvo frente al escritorio, su mandíbula apretada.
—Señor García, lamento mucho mi reacción, pero Efraín firmó con Villanegra a pesar de que le advertí sobre el fraude.
Los ojos de Alfredo se encontraron con los suyos, serios. Negó co