38 Despiadado.

Marko veía a su compañera, tan diferente e igual, en sí, nada había cambiado y todo a la vez. Su esencia continuaba siendo la misma esa que había descubierto la noche que la marco, su sangre le resultaba dulce con fragancia a mandarina, canela y pequeñas notas de agua marina, como aquel néctar que una vez degusto y estaba ansioso por probar una vez más, ese que salía de su delgada figura y escurría entre sus piernas cuando Antara se excitaba; su blanquecino rostro ya no tenía notas mortuorias,
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