Arianna
Me tomó del brazo, cuando estaba a punto de abrir la puerta del conductor de mi coche. Y aunque me tensé, no aparte su mano. Porque cada vez que me tocaba, mi cerebro se negaba a funcionar correctamente.
—¿A dónde vas? —Me volví a mirarlo confundida, por el escalofrío que me provocó el timbre de su voz.
Nunca antes, nadie me había dicho lo que tenía que hacer y él intentaba controlarme. Algo que no me gustaba en lo más mínimo. No me convencía la idea de tener que limitar mis i