Se arrepentía. Se arrepentía profundamente.
Pero en este mundo no existe medicina para el arrepentimiento.
Patricia se giró hacia él, posando su mirada en su rostro con una sonrisa cargada de ironía, tan cortante como una tormenta repentina en una tarde de verano, fría y violenta, golpeando directamente al corazón.
—Laura ya es solo un puñado de tierra, ¿para quién finges este arrepentimiento ahora?
Su voz, aunque suave, llevaba una fuerza imposible de ignorar que pareció congelar el aire a su a