El golpe contra la mesa de conferencias le provocó un dolor muy agudo.
Los ojos de Laura se humedecieron por el profundo dolor.
Miguel se inclinó sobre ella y le levantó la barbilla, con una mirada despiadada:
‒ Dormimos juntos una noche, y al día siguiente tus padres aparecieron muy campantes en el hotel con fotos robadas por un paparazzi, ¡amenazando con hacerlas públicas si no me casaba contigo!
‒ Acepté casarme y los Sánchez me pidieron quinientos mil dólares de dote. En estos tres años, he