—¡No! —respondió Mario.
—¿Y Laura?
—La señorita Sánchez está cuidándolo en la habitación.
—Cancela toda mi agenda de hoy, iré al hospital —ordenó Miguel.
Mario quiso decir algo pero finalmente se marchó en silencio. El señor Soto solo tenía cabeza para la señorita Sánchez, completamente perdido en el amor. Daba miedo verlo así...
Después de que Mario se fue, Miguel firmó algunos documentos urgentes y abandonó la oficina. Al llegar al estacionamiento del hospital, fumó dos cigarrillos en el auto