—¡Dame tu teléfono ahora mismo! —exigió Jenny, mirándola fijamente y pronunciando cada palabra con firmeza. No podía arriesgarse a que Fiona estuviera grabando audio o video.
—¡Jenny, no te pases! —respondió Fiona, mirándola con los dientes apretados.
—¿Que me paso? No lo creo —Jenny le sonrió con sarcasmo—. ¡Quién sabe qué estás tramando contra mí! ¡Dámelo ya!
Fiona sacó su teléfono y lo dejó a un lado. —Aquí está el teléfono, ¡di lo que tengas que decir de una vez!
Jenny miró de reojo el teléf