Laura ya había planeado vivir en Valle Verde, así que no rechazó el ofrecimiento de Emiliano. —Abuelo, entiendo, pero es tarde, ¿por qué no va a descansar? Cuando esté instalada, iré a acompañarlo.
—Está bien —respondió Emiliano, sintiendo un profundo dolor al ver su rostro pálido y demacrado. ¡Qué buena chica! Le dolía dejarla ir, pero no podía ser egoísta y retenerla para que Miguel la siguiera lastimando. Ya vería, ¡Miguel se arrepentiría!
Laura avanzó con su maleta sin mirar atrás ni una sol