Patricia, escuchando el llanto de Laura, sintió que se le desgarraba el corazón y corrió a abrazarla.
—Laura...
Las palabras de consuelo se atoraron en su garganta, sin poder pronunciar nada.
Si ella sufría tanto, Laura debía sufrir mil, diez mil veces más, ¡qué dolor tan inmenso!
Cualquier palabra en ese momento parecería vacía e inútil.
El empleado de la morgue, incómodo, intervino —Señoritas, debemos llevar al fallecido a la morgue, no podemos demorarnos mucho aquí.
Habían visto muchos famili