—¿Por qué gritas, Oksana? —la voz al teléfono sonaba cortante y molesta.
—¡Dante... Dante Luna! —tartamudeó Oksana, muerta de miedo.
Dante Luna era el abogado que se había suicidado hace cinco años, el mentor de Laura.
—¡Él murió hace cinco años! —enfatizó el hombre—. ¡No te asustes tú sola!
—¡Él... él no está muerto, está vivo, justo frente a mí! —Oksana soltó otro grito.
—Alguien está jugando contigo para asustarte. ¡Recuerda, no digas tonterías! —le advirtió el hombre.
—¡No es un juego, es re